Paro: Ni con Margarita Calderón, ni con las Obradoristas

Este texto no lo escribimos como feministas, lo escribimos como activistas. Activistas que todos los días ayudan a otras mujeres a abortar en contextos de criminalización, arriesgando nuestra propia seguridad. Activistas que han sido víctimas de agresiones físicas y verbales, doxxeo, amenazas, acoso y denuncias ante el Ministerio Público por parte de grupos conservadores. Lo escribimos, también, como mujeres que trabajan dando talleres de derechos sexuales y reproductivos en colonias periféricas y marginadas a las que nunca llegan las olas verdes, ni violentas porque las olas verdes y violetas están centralizadas en círculos feministas endogámicos.

Escribimos como una colectiva que busca la justicia reproductiva, la emancipación sexual, económica, cultural, racial, social y política de las mujeres que habitan en las periferias, incluso del feminismo. Escribimos como activistas que han sacado el feminismo de los cafés, de los conversatorios y de las espacias separatistas para tirar paro a las mujeres que no saben de teoría feminista ni de pulcritud teórica pero sí de emancipación porque la aprendieron de Jenni Rivera.

Como activistas que siempre han priorizado resolver lo inmediato y lo urgente antes que la pulcritud ética y feminista nos posicionamos en contra de los y las oportunistas de derecha y de izquierda. Le escribimos esto tanto a las feministas obradoristas como a las nuevas feministas de derecha.

Rechazamos abierta y con furia los intentos de la derecha por colgarse la lucha de las mujeres organizadas para golpear al Gobierno, pero también de las feministas defensoras de la 4T que hacen purplewashing para defender un proyecto de nación que nos está fallando. Les pedimos tanto a los mercenarios de derecha, como a las mercenarias de izquierda que NO EN NUESTRO NOMBRE. Ni el feminismo, ni las mujeres muertas, ni la violencia, ni la lucha contra la inequidad les pertenece: Nos pertenece a nosotras, que ponemos el cuerpo solucionando en lo inmediato.

Repudiamos a la derecha que con una mano nos despoja de derechos y con la otra tuitea que los feminicidios son una emergencia nacional. Pero si tú te nombras feminista y no te has pronunciado en contra de la desaparición de los subsidios a las estancias infantiles que ayudaban a que millones de mujeres salieran a trabajar y este trabajo de crianza no recayera en adolescentes y niñas, si has justificado la desaparición del Seguro Popular que gestionaba partos para mujeres precarizadas y pagaba tratamientos contra el cáncer de forma integral, si no te pronunciaste en contra de la desaparición de los fondos para organizaciones civiles que son las que sacan mujeres de las cárceles, que son las que acompañan mujeres que aborta, que son las que gestionan refugios para mujeres en riesgo vital, que son las escarban en fosas clandestinas para encontrar a sus hijos e hijas y las que promueven políticas públicas exitosas: eres igual que toda esa gente de derecha que tanto críticas porque antes no protestaban y ahora sí. O quizás eres poquito peor que la derecha porque ahora te callas por respaldar a un político que representa al poder. Porque ahora te esfuerzas por demostrar por qué sí la 4T nos incluye y por qué no son tan graves las posturas del Presidente.

Si aplaudiste la prisión preventiva oficiosa que perjudica sobre todo a las mujeres y no quemaste la puerta de Palacio Nacional por las declaraciones del López Obrador respecto al feminismo y los femicidios: eres igual de mercenaria que la derecha que sólo usa la violencia contra las mujeres para criticar al Gobierno, y también te repudiamos a ti.

Con mercenarias traigan el paño azul o verde no queremos nada. Ni las Obradoristas por traidoras, porque que defienden el proyecto de nación a costa de la emancipación de las mujeres, ni las Margaritas Zavalas por oportunistas.

Pedimos desde la sororidad que las mujeres que no son activistas, que nunca han acompañado un aborto en contextos ilegales, que nunca han ido al Centro de Justicia a pelearse con ministerios públicos misóginos, a las que nunca le han gritado con rabia a servidores públicos para apliquen la NOM-046, a las que nunca han buscado en los servicios sociales de los hospitales que le hagan el cobro minino a una adolescente que acaba de parir, ni ha logrado sentencias a favor de los derechos de las mujeres. A las que nunca han escarbado en la tierra buscando desaparecidos, a las que nunca han llorado de rabia porque no se autoriza una orden de protección. Si nunca has militado en la práctica, si tu feminismo se reduce a círculos feministas con otras mujeres que tienen los mismos privilegios que tú. Si nunca has sido amenaza por los brazos coercitivos del Estado: No te sumes a esta conversación, podrás estar en marchas en conversatorios, haber leído estadísticas sobre violencia y tener los datos, pero no sabes qué sí y qué no se necesita para enfrentar las violencias que viven las mujeres en este país. Entonces sólo escucha.

Como mujeres que trabajan en lo inmediato, que se rompen la madre todos los días para hacer el mundo más habitable, enunciamos que hacen falta manos porque siempre hay mujeres solas enfrentándose al mundo y sus violencias. Hay mujeres solas pariendo en rodeadas de violencia obstétrica, hay mujeres solas declarando Ministerios Públicos que les preguntan ¿cómo ibas vestida?, hay mujeres solas abortando con miedo a espaldas de sus maridos y de sus familias, hay mujeres solas que no pueden separarse de su agresor porque no tienen un circulo de apoyo. Basta con ir a un hospital de la mujer, a un Centro de Justicia o un complejo carcelario para que sepas lo solas que estamos. Entonces te darás cuanta que hacen falta manos. Manos que saquen copias y hojeen carpetas de investigación, manos que lleven libros y talleres a mujeres en contacto con el sistema penitenciario, manos que gestionen refugios de alta seguridad y casas de medio camino, manos que lleven comida a afuera de los hospitales y manos que entreguen misoprostol a extrañas. Hacen falta manos no importa si esas manos traen el pañuelo verde o no, no importa si llegaron ayer o hace quince años a la lucha o si se nombran feministas o no. Hacen falta manos con voluntad política de cerrar las brechas de inequidad y acabar con las violencias. Y todas las manos son bien recibidas cuando sabes que el cambio sólo es posible si lo abordamos desde una perspectiva comunitaria.

Cuando hacen falta manos en un movimiento que busca emancipación de las mujeres, la pulcritud ética y la pulcritud feminista salen sobrando. Cuando la realidad te rebasa y te enteras de que hay colonias, lejos de las mareas verdes y moradas, donde el 30 por ciento de las mujeres están en riesgo vital y que hay niñas de 12 años pariendo como forma de emancipación para salirse de los círculos de violencia familiares es cuando te sientas con la diputada pro-vida para gestionar un proyecto integral contra los embarazos no deseados en adolescentes y entiendes que trabajar en un proyecto concreto con objetivos en común no significan que no la vas a denunciar si posteriormente pretende darle personalidad jurídica al producto de la concepción.

Cuando vives en una colonia donde tu vecina es violentada emocional y económicamente, pero viene huyendo de una realidad tan terrible que esto le parece la mejor opción no tienes tiempo para sobre teorizar las soluciones concretas porque ya no las miras desde la dicotomía de la derecha y la izquierda sino como salidas de emergencia. Cuando la realidad te rebasa porque atiendes veinte abortos al día, porque las morritas de las colonias donde trabajan te cuentan que sus papás, usuarios problemáticos de cristal, les quitan el dinero de la beca Benito Juárez para comprar más droga, cuando lloras bajo la regadera porque estás cansada, harta y rebasada de escuchar mujeres que abortan solas porque lo están haciendo a espaldas del esposo que las golpea. Es cuando dices: Yo quiero ayuda de quién sea, no importa si era panista ayer o si siempre criticó al feminismo toda su vida, si en este momento ya quiere ayudar ¡venga, aquí hay muchísimo trabajo!

Es obvio que si tu militancia se reduce a defender un proyecto de transformación que se parece mucho a otros proyectos de transformación que solo ha favorecido a las élites y creando bases clientelares, es obvio que, si tu feminismo se reduce a ir a tomar el té con las amigas o marchar con pañuelo verde o escribir para el periódico de izquierda más ruda, te puedas dar el lujo de rechazar manos.

Nosotras no... Nosotras necesitamos un paro, pero no un paro de labores sino un paro como dicen el barrio de tirar paro, pero no lo queremos ni de Margaritas ni de Obradoristas.

Hacer alianzas políticas y estratégicas para determinados proyectos de resolución de problemas inmediatos no significa que respaldes posturas políticas contrarias a los derechos humanos, las personas no somos unidimensionales, se puede estar perfectamente en contra del aborto y al mismo tiempo estar en contra de los feminicidios y si podemos trabajar en comunidad para terminar con los feminicidios, para nosotras sí es importante.

Nuestras alianzas son estrategias, coyunturales, criticas, revocables y siempre buscando el bien mayor, no para el feminismo, sino para las mujeres.

Pensar que el feminismo va lograr erradicar la violencia sexista, el racismo, el clasismo y todas las violencias que vivimos las mujeres si se mantiene sectario, con gente feminista de toda la vida, gente que mantiene pulcritud ética y teórica, gente que está a favor del aborto: es un error estratégico. Si seguimos pensando que el feminismo es la panacea y la única vía para lograr la emancipación de las mujeres jamás vamos a terminar con las violencias

Por nuestra parte todas las personas, incluidas actores y actrices políticos que quieran contribuir con voluntad política a que se termine la violencia sexista, feminicida, racial, económica y política contra las mujeres desde una perspectiva de justicia restaurativa, con perspectiva de clase y raza: son bienvenidas.